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Medina Azahara: la “ciudad resplandeciente” de Al Ándalus

Ubicada en las estribaciones de la Serranía de Córdoba (a unos 8 km de esta ciudad), la fundación de Medina Azahara queda vinculada a la implantación del Califato Omeya en Al Ándalus.

Vista del conjunto urbanístico de  Medina Azahara.
Vista del conjunto urbanístico de Medina Azahara.

Medina Azahara: un proyecto resplandeciente

Desde la conquista musulmana de la Península Ibérica en 711 y hasta 929, el territorio islámico andalusí se había constituido como emirato. Es decir, dependiente en algún aspecto (sobre todo el religioso) del Califato de Oriente.

En 929, Abd al Rahmán III se proclama califa, reniega del califa Abbasí y se erige en emir de los creyentes de un territorio independiente política y religiosamente. En 936 crea una nueva ciudad para conmemorar tal acontecimiento, según dictaba la costumbre oriental. Así nació Medina Azahara, la “ciudad resplandeciente” de Al Ándalus.

Infraestructuras de Medina Azahara.
Infraestructuras de Medina Azahara.

La construcción de esta ciudad-palacio  fue continuada por Al Hakam II hasta 976  y formó parte de un intenso proceso de urbanización del territorio cordobés. Supuso el desarrollo de importantes infraestructuras que posibilitaran su abastecimiento de agua y de materiales constructivos, así como su comunicación con Córdoba y otras poblaciones.

Se calcula que se necesitaron casi cuatro décadas y el esfuerzo de unos 10.000 trabajadores (a cargo del maestro alarife Maslama ben Abdallah) para dar forma a este imponente conjunto urbano que llegó a albergar hasta 12.000 personas.

Medina Azahara: una esplendorosa ciudad-palacio

Entre 946 y 947  se trasladaron aquí la Corte, los órganos de gobierno, la Ceca (casa de la moneda) y el Centro de artes oficial. Sus talleres –que producían los más exquisitos artefactos de Al Ándalus- convirtieron a Medina Azahara, durante un breve período, en un centro de vanguardia artística y científica.

Su nombre se transformó en sinónimo de lujo y esplendor y sus recintos, en un fastuoso escenario para la recepción de embajadas extranjeras. Se trataba de una ciudad palaciega pensada desde sus inicios como elemento de propaganda política del soberano. Una especie de paraíso terrenal que integrara una belleza capaz de dejar boquiabierto a todo aquel que viniera a visitarla.

Comitivas procedentes del norte de la Península, del Imperio Romano-Germánico, del Imperio Bizantino o de las tribus del Norte de África aliadas de los Omeyas recorrieron las calles y salones de esta ciudad. Quedaron impresionadas y contaron en sus lugares de origen la fastuosidad que el nuevo Califato de Occidente era capaz de desplegar.

Dionís Baixeras: La civilización del califato de Córdoba en tiempos de Abderramán III (1885), óleo sobre lienzo.

Pero a principios de siglo XI, con la Fitna (ruptura de la unidad de Al Ándalus y guerra que provocó la caída del Califato) Medina Azahara fue asaltada, saqueada, abandonada y convertida en cantera. Progresivamente, su existencia cayó en el olvido de tal manera que en los siglos XVII y XVIII ya no se tenía constancia de que ésta había sido la ciudad de los califas.

Las excavaciones arqueológicas para volver a sacarla a la luz comenzaron en 1911. Se inició un proceso de restauración y estudio que sigue hasta la actualidad, desvelando algunos de sus secretos e intentando recomponer un puzle hecho añicos por la Historia.

Aunque se trate de un progreso laborioso y difícil, los resultados con los que contamos hoy nos permiten hacernos una idea (aunque parcial) de cómo debía de ser Medina Azahara.

El yacimiento arqueológico de Medina Azahara

Medina Azahara era un recinto amurallado de 1,5 km de largo por 0,75 km de ancho (112 ha). Dispuesto en tres terrazas que aprovechaban la ladera de la montaña y reflejaban, en su trazado, la pirámide social del mundo omeya.

Maqueta del yacimiento arqueológico de Medina Azahara.

La superior alojaba el alcázar, la mediana una mezquita y amplias zonas ajardinadas que aislaban el alcázar del resto de la ciudad. Esta terraza superior, dedicada al alcázar, estaba formada por dos espacios diferenciados: uno destinado a la actividad pública (salones de recepción) ubicado al Este, y el otro, a la vida privada (residencias) emplazado al Oeste.

La terraza inferior era la que contenía la medina propiamente dicha, con sus casas, mercados, talleres, etc. De todo este espacio sólo se ha excavado un 20% (aproximadamente), concentrándose casi todo el estudio en la terraza superior.

La musealización del conjunto urbanístico de Medina Azahara

Lo que queda es apenas una pequeña parte de lo que fue… Quien visite el yacimiento, necesitará hacer uso de su imaginación para completar el puzle. Pero aun en ruinas, Medina Azahara sigue siendo suficiente para deslumbrar a cualquiera…

Nos sería difícil entender el sentido de este conjunto urbanístico si no fuera porque en la musealización se ha tenido muy en cuenta su relación con la Naturaleza. La sombra de los grandes árboles, el perfume de los naranjos en flor, los pequeños oasis evocados por los jardines con plantas aromáticas,  el frescor de las fuentes, el sonido del agua, el canto de los pájaros…

Vista del conjunto de Medina Azahara, con Salón Rico.

Una sintonía que apela a todos los sentidos y que los artistas islámicos supieron integrar con maestría en la arquitectura, estableciendo una exquisita armonía entre la obra de la divinidad y la del ser humano. Construyendo una especie de paraíso terrenal cuyos rincones todavía podemos recorrer cuando visitamos Medina Azahara.

Los espacios residenciales Medina Azahara

Todos los espacios residenciales se organizan en waits (estancias alargadas y patios) y despliegan un lujo abrumador. Suelos de mármoles de colores, paredes que todavía conservan el estucado y los restos de pinturas, baños y letrinas decorados con mármoles y cerámica. Se pueden destacar algunos ejemplos como:

La Casa Real (Dar al Mulk): es la parte más antigua, residencia de Abd al Rahmán III, y se ubica sobre el promontorio rocoso simbolizando el dominio del monarca sobre el territorio circundante.

El Patio de los Pilares: se desconoce su función, pero se piensa que podría haber servido para reuniones o concejos. Se llama así porque está rodeado por galerías abiertas adinteladas sobre pilares.

Medina Azahara: arcos de la Casa de Yafar.

La Casa de Yafar: era la vivienda del primer ministro de Al Hakam II. Destacan los tres arcos de herradura con decoración a ataurique y una pila de agua encontrada en el patio. La habitación más importante estaba revestida de estuco y todavía conserva algunos restos de policromía.

La Casa de la Alberca: se ha identificado como la residencia de Al Hakam II. Consta de un jardín con alberca, dos pórticos con arcos y dos estructuras comunicadas entre sí.

Los espacios de ámbito público de Medina Azahara

Dar al Wuzara (Dar al Yund): el salón de recepciones más antiguo de la ciudad, ubicado en la parte superior. Es un edificio constituido por cinco naves paralelas y un pórtico que se abre al patio. En el interior tiene arcos de herradura califal y cuatro grandes pilares en el centro que sustentarían una bóveda.

Medina Azahara: Dar al Wuzara.

El Salón Rico: fue construido entre 953 y 957 con materiales de máxima calidad y era el lugar donde Abd al Rahmán III acudía a las recepciones anuales más importantes. Despliega un manifiesto clasicismo dentro del arte califal, con sus columnas de mármol rosa y azul, sus arquerías laterales y sus paredes recubiertas por placas minuciosamente talladas con decoración vegetal. Al fondo, hay un arco ciego de dovelas bícromas enmarcado por un alfiz que sublima el lugar donde se sentaría el califa.

La mezquita de Medina Azahara

De la segunda terraza se han excavado dos jardines y el área de una mezquita de uso compartido entre el alcázar y la medina. Se considera la primera mezquita bien orientada en el Al Ándalus  (ya que su muro de quibla mira hacia la Meca y no hacia el Sur, como pasa en la Mezquita de Córdoba).

Restos de la Mezquita de Medina Azahara.
Restos de la Mezquita de Medina Azahara.

Constaba de un patio de abluciones, cinco naves perpendiculares al muro de quibla y un mihrab habitacional. Fuera de su recinto había un espacio residencial para los cuidadores. Está unida al alcázar por un pasadizo pensado para facilitarle al califa el traslado a las ceremonias.

Consejos para la visita:

Si vas en vehículo propio, probablemente vas a necesitar GPS, puesto que hay pocas indicaciones en la carretera de cómo llegar a Medina Azahara. Se puede estacionar el coche en el parking del centro de recepción-museo de Madinat al-Zahra.

La entrada se saca en el museo y es gratuita. No obstante, la única manera de llegar desde el centro de recepción hasta el conjunto es un autobús que sale con una frecuencia de unos 20 minutos y cuesta alrededor de 2 € ida y vuelta.

El museo es un centro bastante pequeño pero ofrece un recorrido muy ilustrativo. Aparte de obras de arte y piezas originales, incluye maquetas y videos explicativos del yacimiento. Si le prestas atención, te ayudará a entender mejor la ciudad de Medina Azahara.

Interior del Museo/Centro de interpretación de Medina Azahara.
Interior del Museo/Centro de interpretación de Medina Azahara.

Para la visita al yacimiento, es mejor ir con las cosas estudiadas y un buen plano en la mano. Hay carteles explicativos, pero son bastante escuetos y es fácil perderse. Otra opción sería contratar una visita guiada, bien desde Córdoba o bien desde el mismo Museo de Medina Azahara.