Historias del arte,  Sitios

El obelisco della Minerva: un juego de significados

Ya no podemos decir que todos los caminos lleven a Roma…pero éste –el que aquí te propongo- sí: nos lleva hasta el corazón de la ciudad, cerca del Panteón y desvía ligeramente nuestros pasos por una calle lateral para presentarnos una magnífica obra de arte: el Obelisco della Minerva.

Un monumento escultórico con un planteamiento simpático a la vez que chocante: un elefante que sostiene un obelisco. Obra del gran genio barroco Gian Lorenzo Bernini.

Gian Lorenzo Bernini:
Obelisco della Minerva (1667)

¿De dónde saca Bernini un obelisco egipcio para la Piazza della Minerva?

El obelisco es uno de los cuatro que fueron traídos a Roma en tiempos del emperador Domiciano desde la ciudad egipcia de Heliópolis. Enterrado por el paso del tiempo, fue redescubierto durante unas excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en 1655 en el Campo de Marte, cuyo objetivo era rescatar obras de arte clásicas para enriquecer las colecciones papales.

El recién nombrado papa Alejandro VII, reconocido por su faceta de impulsor de las artes, quiso ubicarlo en una plaza pública,  para embellecer la ciudad y equipararse a aquellos antiguos emperadores que ayudaron a hacer de Roma un gran imperio.

El pontífice puso este proyecto en manos del más destacado genio artístico del momento: Bernini (a quien irá encargando obras monumentales como la Columnata de la plaza de San Pedro, la Scala Regia o la Cátedra de San Pedro en la Basílica Vaticana).

Bernini, como de costumbre, le dio un giro inesperado. Quizás no fuera el primer obelisco que se volvía a erigir en la urbs romana…pero sería el único en descansar sobre la espalda de un elefante.

¿Por qué un elefante?

La elección del elefante como soporte no es aleatoria: su robustez e inteligencia lo hacen digno de convertirse en plasmación simbólica de la frase grabada en su pedestal: “Es necesaria una mente fuerte para sostener una sólida sabiduría”.

Por no hablar de la vinculación de este animal con la antigua historia de Roma, desde su legendaria inclusión en las Guerras púnicas hasta la fastuosidad de las ceremonias triunfales relatadas por autores como Apiano o Suetonio.

Vínculo que no había pasado desapercibido para los papas que, ya desde el Renacimiento, se estaban presentando como los nuevos fundadores de Roma: comprometidos a monumentalizar la ciudad y hacer de ella una magnifica capital para el mundo cristiano.

Bernini lo planteó así, probablemente basándose en ideas anteriores como la Ilustración del libro El Sueño de Polífilo, editado en 1499, casi dos siglos antes. Pero no copió literalmente el diseño, sino que introdujo algunas interesantes innovaciones.

Las patas del elefante permanecen quietas y su enorme cuerpo se cubre con telas adornadas con motivos clasicistas que lo convierten casi en una continuación del pedestal que lo sustenta. No obstante, su cabeza gira con un impetuoso movimiento reflejado en sus orejas y en su retorcida trompa.

Un juego de significados

Este contraste entre la quietud del cuerpo del animal y el movimiento giratorio de su cabeza logra producir tensión… sentimiento de expectativa: todavía no se ha puesto en marcha, pero está a punto de hacerlo…

El simbolismo del obelisco queda ligado a sus orígenes egipcios: altos bloques de piedra rematados por formas piramidales que se colocaban por pares a la entrada de los templos como expresión monumental de firmeza, estatismo y solemnidad. Una especie de axis mundi que roza el cielo y lo une a la tierra…

Un monolito de perfecto corte geométrico concebido para conmemorar, a través de los siglos, el esplendor de aquella civilización egipcia a la que pertenecía.

Pero la historia del obelisco trasciende a Egipto, porque perteneció también a Roma… A la Roma de los emperadores, que lo trasladaron a la capital del Imperio con estos significados. A la Roma de la Contrarreforma, que lo quiso reconvertir en el símbolo de una Iglesia universal e inamovible. A  la Roma de Bernini, que lo colocó a lomos de un elefante.

Un elefante colosal que gira con fuerza su cabeza para recordarnos que él, a diferencia del obelisco, es un ser vivo y animado…

Un doble juego -tan del gusto barroco y tan propio de Bernini- que, poco a poco, se transforma en una pregunta: ¿Qué pasará con el obelisco -con todos sus significados- cuando el elefante empiece a andar?